Rabassada

Descripción

PRUEBA CRONOMETRADA. La primera Carrera en cuesta de La Rabassada, que partía desde la parte alta de la ciudad de Barcelona y ascendía por la montaña del Tibidabo, se celebró el 11 de junio de 1922 gracias al empeño de la Peña Rhin, creada ocho años antes a base de tertulias deportivas en el bar del mismo nombre que estaba en la plaza de Catalunya, de Barcelona.
Coches y motos competían sin tráfico en una prueba cronometrada que congregaba en los arcenes a centenares de curiosos y amantes de la velocidad. Julián Márquez Sanchez, neurólogo y compañero de profesión, asistió a muchas carreras en los años 60; vivía cerca de la avenida del Tibidabo y subía con sus amigos para seguir la competición. «Eran coches supertrucados que hacían un ruido de mil demonios. No había barreras ni protecciones, pero la gente no era tonta y se colocaba en la montaña», recuerda.
La más cotizada era la curva de La Paella, donde los pilotos podían lucirse de verdad. Uno de esos conductores era Jaume Jordana, el miembro más veterano de la peña motorista citada, que cuando no se ocupaba de su negocio de venta de paja y grano estaba encima de una motocicleta. Participó en las carreras de los años 40 y 50 y echa de menos la velocidad. A sus 86 años, considera que es una «lástima» que La Rabassada ya no sea «un lugar en el que se pueda ir a correr». Dice que la carrera no era peligrosa pero reconoce que no era fácil controlar la moto a tanta velocidad «por aquellas curvas en las que había centenares de personas». «Salíamos incluso en un programa del NODO que se llamaba Imágenes», rememora Márquez.
A lo largo de las 30 ediciones que se celebraron durante medio siglo, corrieron por La Rabassada pilotos ilustres como Ricardo Fargas, Celso Fernández, Jorge de Bragation, Santi Herreros, Carlos Cardús, Sito Pons o Joan Garriga. También probó su pericia Jaime Alguersuari, padre del joven Jaime Víctor que fue piloto oficial de la Scuderia Toro Rosso de Fórmula 1 desde 2009 hasta 2011.

AL MARGEN DE LA LEY. La última y 30ª carrera se celebró en 1983, cuando la carretera ya se había convertido en lugar de culto entre los que gustaban de plegar sus motos en el tráfico abierto. «Llegó un momento en que La Rabassada se puso muy peligrosa porque había demasiada gente», cuenta Gregorio García, motorista de toda la vida que en esa época rondaba los 20 años. La Guardia Urbana se dio cuenta de que el tema se les iba de las manos. Empezó a darle vueltas hasta que llegó a la conclusión de que la sanción era la mejor medicina contra la infracción...

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